Sergi Botella y Pep Vidal. La Capella. Barcelona

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Haciendo gala de ese buenrollismo tan guay, endogámico y característico de nuestra ciudad condal, hay quien, como Sergi Botella, no duda en titular la exposición que ahora tiene en La Capella como sigue: Tallar-se una ungla per netejar la merda de les altres. O  sea, Cortarse una uña para sacar la mierda de las otras. Pensado, quizás –o no-, para aproximar al profano al mundo del arte y, a ser posible, esperar que se interese por la complejidad de ese sector al que, como él, somos unos cuantos los que nos dedicamos, lo que se esconde detrás de este título diría que, además de lo que se puede ver con todo lujo de detalles, es una suerte de declaración de principios puesta por el artista en circulación para provocar en el espectador algún tipo de reacción. Y a mí, personalmente, me la provocó al leerlo por primera vez: desistí asistir a la inauguración. Oficialmente por overbooking en mi agenda.

Con esa batería de sensaciones pacatas, prejuicios varios y cerrazón mental en mi cerebro, he ido esta tarde y sin dilación a ver esta exposición de Sergi Botella de tan egregio y memorable título. Y debo confesar que, al entrar en la sala, en lugar de salir corriendo, me he visto seducido por una suerte de serenidad que, sin saber a qué se debía, sentía que destilaba de los siete sets con los que, a modo de pequeños platós, el artista había dividido el gran espacio de la Capella. Por bien que, como dicta la hoja de sala, los siete sets de la exposición se conectan entre si por su vinculación con el sacrificio, yo he sido incapaz de captar esta conexión. Salvo por lo obvio de uno de ellos: el que se refiere al sacrificio humano y que el artista ha decidido resolver montando una oficina de trabajo in situ para la creación de una novela a dos manos entre el propio artista y el escritor Javi Bermudez.

Independientemente del sacrificio sobre el que se reflexiona en cada set, hay una cosa en todo el proyecto que me llama especialmente la atención y es esa voluntad de hacer explícita la colaboración que Botella ha requerido de terceros. En especial de la magnífica Francisco talking to the animals, realizada por Pere Llobera en 2009.

Pasado un buen rato yendo y viniendo,  escuchando el vinilo que debe poner el espectador, admirando el susodicho cuadro de Llobera y apreciando la calidad renacentista del políptico de las uñas y su mierda realizado en fotografía por Goran Bertok, me he dispuesto a abandonar la sala no sin antes detenerme donde no lo hice al principio, es decir, en el espacio donde el matemático, físico y artista Pep Vidal expone una verdadera maravilla para todos los sentidos:  un cubo de 83 cm de arista y casi una tonelada de peso instalado en el centro del Espai Cub y concebido para la condensación y aislamiento de la nada. Que no es poco!. Yo no se si será verdad o no. Ni tampoco si será cierto que, en su interior, se esconde todo lo que se afirma en la hoja de sala. Lo que sí sé es que me he quedado fascinado con lo que, pese a todas las referencias cúbicas que existen en el arte contemporáneo, un artista de hoy puede ser capaz de decir a partir de la nada más absoluta. Pura poesía. En suma, un verdadero regalo.

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