Francesc Ruiz. Rolando e Gary. El Palomar, Barcelona

 

IMG_4909IMG_4896IMG_4886IMG_4912

En el ático de un inmueble de la calle Elkano de la ciudad condal, se ubica El Palomar, un ex-estudio de artista reconvertido en sala de estar expositiva, bastante peculiar y suficientemente bien concebido como para tener en cuenta a la hora de hablar de la escena artística de una ciudad que, como Barcelona, sigue viva y, gracias a todos, coleando. Y no me llamen positivo.

IMG_4867IMG_4946

Hacía tiempo que en Barcelona no se veía una cosa igual. Y es que desde el lugar donde se ubica hasta quienes lo programan pasando por la enjundia de sus propuestas, la periodicidad con que aparecen, la variedad de sus presentaciones, la especificidad en torno a la cual se concentran y ese modo en que sus anfitrionas te hacen de guías o amigas contándote lo que programan como quien-te-recibe-en-el-salón-de-su-casa, lo que Mariokissme (Mario Páez) & R. Marcos Mota (Rafa Marcos) han conseguido articular es una suerte de espacio para pensar, pasar un rato sumamente agradable y disfrutar en general en compañía de una energía tan concentrada que uno sale de allí como si se hubiera tomado algo. Una de esas cosas que, de vez en cuando, nos deberíamos tomar para ver que lo que nos rodea no siempre es tan negro, tan negro, tan negro.

IMG_4873IMG_4948

En el statement de este espacio nacido en enero de 2013 con la exposición de sus fundadoras titulada Lo más revolucionario hoy es ser casto o tener una vida sexual frustrante, lo que se puso de manifiesto es que los intereses del Equipo Palomar se centrarían en poner en movimiento nuevas formas de estar en el mundo, nuevos afectos, dentro, fuera y en las fronteras de los marcos de actuación conocidos desde un espacio concebido sin ánimo de lucro y entendido como lugar de encuentro, exhibición y diálogo en torno a discursos, sujetos y prácticas que lo tienen bastante crudo para penetrar en la esfera artística contemporánea oficial. Obviando que lo menos necesario para El Palomar sería penetrar en la oficialidad o entelequia de cualquier esfera artística por contemporánea que fuera, lo cierto es que, según mi punto de vista, gracias a esta imposibilidad fundacional ha conseguido hacerse un hueco en nuestra ciudad declamando desde los márgenes de cualquier corriente algo trans e inter al queer y las complejidades y contradicciones de las identidades múltiples desde una particular visión político-artística. Según nos dicen Mario y Rafa en el texto seminal de su Palomar, estamos cansadxs de que se nos acuse por lo meramente cultural, lo estético y lo teatral de la sexualidad en el arte. Queremos reparar el desfase discursivo de prácticas y teorías que por considerarse “demasiado avanzadas” y al mismo tiempo “pasadas de moda”, devienen marginales al discurso oficial. Creemos en ellas como reivindicación política y creemos en lo político de nuestros propios cuerpos abyectos. Más allá de buscar ser integradas bajo una etiqueta, pretendemos ser inflexión y diáspora del etiquetaje y de las nociones normalizantes en sí.

IMG_4883

Con semejante declaración de intenciones y las ganas de sacudir a un sistema que, de rancio, retrógrada, homófobo, transfóbico, sexista y racista ha llevado a Mario & Rafa a actuar desde la radicalidad de un proyecto independiente y la voluntad de actualizar discursos que actualmente se están institucionalizando, lo que se ha podido ver en el Palomar desde su apertura hasta hoy es una tal variedad de propuestas que, además de confirmar que la suya es una fórmula regeneradora de discursos, proclama que el arte, más que un archivo, es una plataforma desde la que revisar los postulados que lo mantienen vivo. De modo que, al margen del tiempo en que da muestras de su actividad se trata de pensar en una sociedad que evoluciona sobre la base de una memoria sana, respetuosa con lo heterodoxo y negándose a aceptar que las utopías se han fundido frente a la crudeza de una realidad tan reacia a lo nuevo como incapaz de apostar por ideales al margen de jerarquías y clases sociales.

Tras una primera muestra inaugural concebida para sentar las bases de lo que Mario & Rafa pretendían con su proyecto -es decir, convertirse en herramienta vertebradora de contexto y red de agentes críticos– las propuestas que se han programado en el Palomar han venido de la mano de artistas como Lucia King, Federico Vladimir Strate Pezdirc, Santiago Monge, Adolfo Fernandez-Punsola, Miquel Gil, Jesús Alcaide, Regina Fiz, Jerry la Novia, Helena Goldwater, Martín Rico, Lucía Egaña o Francesc Ruiz. Es decir, unos artistas cuya producción encaja a la perfección con la voluntad de este espacio de negociar a través de proyectos propios o en colaboración visibilidades alternativas que cuestionen y resignifiquen las jerarquías, el consumo de la cultura, así como el acceso a las diferentes infraestructuras y recursos propios de lo heterodoxo. Sea como sea, lo cierto es que nada de lo que he visto en este hogar de palomas nada cojas me ha dejado indiferente. Y es que aunque a veces me sienta alejado de algunas de sus propuestas, creo que hay que verlas y escucharlas para constatar que nunca mienten cuando hablan y que lo que dicen es tan cierto como necesario que exista. Y esto, para mí, es suficientemente válido como para seguir visitando este lugar.

IMG_4889IMG_4917IMG_4878IMG_4919

El último en subirse a El Palomar para mostrar, desde allí y al mundo, algunas de las últimas producciones en las que anda metido, es Francesc Ruiz. Un artista oriundo de la ciudad de Barcelona, conocido por su adscripción al lenguaje del cómic a raíz de la pasión coleccionista/comiquera de su hermano -¡gracias, hermano!-, entusiasta agente e instigador de no pocas carreras artísticas que rulan por el panorama artístico de nuestro país pero, por encima de todo, alguien que sabe lo que quiere y que transmite su mensaje de forma clara, profesional y responsable manteniendo esas dosis de sorpresa que se agradecen frente al trabajo de alguien que, como él, uno cree que lo ha visto todo y que, por lo tanto, es muy difícil que le sorprenda.

Por bien que a estas alturas ya se sabe que el lenguaje de Francesc Ruiz transita por el dibujo y que por el modo en que lo traslada al ámbito del comic -y por ende, a su poder metafórico- parece que se dedica a analizar las claves de nuestra sociedad a través de historias que se narran a pie de calle y acciones de grupos de gente realizadas en escenarios como el Corte Inglés, un hotel de Sants, la zona de cruising de Montjuic, una playa, las manzanas del ensanche barcelonés, la Abadía de Silos, las ciudades de Lleida o Cáceres, etc, cada vez que se anuncia su participación en alguna exposición -o como-quieran-llamarlo– aquello en torno a lo cual gira la mente de quien lo conoce es en imaginar de qué forma va a presentar su modo de confrontar al espectador tanto a él mismo como al panorama que le rodea.

IMG_4879

Como un incansable buscador de perlas concentrado en la búsqueda del ejemplar perfecto para ofrecérnosla a nosotros a través del tamiz de su lectura, la deriva de Ruiz en torno a lo clandestino, lo oculto, lo prohibido o lo invisible de nuestra sociedad encuentra su caldo de cultivo en referencias tan variadas como Las Biblias de Tijuana -una suerte de cómic ilegal muy popular en USA entre 1910 y 1950 representando parodias porno entre actores de cine, políticos y personajes del mundo del comic- el Yaoi japonés -un subgénero homoerótico del manga dirigido al público femenino y dibujado por mujeres- el cómic underground de los 70’s, el Pop Art, la ilustración, la cultura popular, el imaginario que se destila de las imágenes que nos acechan en los kioskos o algo tan en desuso como es pasear con actitud activa, atenta y receptiva a cuanto pasa a nuestro alrededor y que somos incapaces de percibir la de sorpresas que nos depara.

Si uno de los primeros conceptos en torno a los cuales se asoció el trabajo de Francesc Ruiz diríamos que fue, por goleada, el del comic expandido por cuanto que sus propuestas traspasaban el marco de las viñetas y ocupaban las salas de exposición proponiendo juegos que implicaban la interacción del espectador, esa parte performática tan inherente en su obra parece que toma una especial fuerza a raíz de la realización de propuestas como Soy Sauce -en la Fundació Miró en 2004- o The Green Detour -en la Fundació Suñol en 2012-, dos trabajos en los que la acción del espectador por la ciudad son ejemplos de ese otro escenario por el que también transcurren las historias que nos cuenta. En consecuencia, además de las vicisitudes de los protagonistas de sus narraciones, es el espectador quien, al incorporar la tercera dimensión a una edición en papel editada a medio camino entre la fotografía, el dibujo y la fotonovela, consigue llevar hasta su terreno las preocupaciones que, quizás por flipantes o inverosímiles, se ven relegadas a respirar entre los márgenes de lo real, lo permitido, lo ortodoxo, en suma, a espaldas de lo establecido. O sea, dándole el culo al conservadurismo.

IMG_4887IMG_4880IMG_4876IMG_4882

Por todo ello no es de extrañar que tarde o temprano se encontraran con las chicas de El Palomar.

Rolando e Gary es el título de la muestra que ha concebido Francesc Ruiz para el espacio de El Palomar. Se trata de un avance de lo que va a mostrar en Los Sujetos, el proyecto ideado por Marti Manen para el Pabellón Español de la Bienal de Venecia que, como sabrán, gira en torno a la figura de Dalí y a la actualización de algunos de las particularidades de su obra y actitud convertidas a través del tiempo en una suerte de referente para la cultura de nuestro país.

IMG_4892IMG_4891

Desarrollado a partir del misterio de los cómic -o fumetti– erótico gay editados por Renzo Barbieri en las décadas de los 70’s y 80’s y caracterizados por el modo en que, a través de la labor de dibujantes y guionistas mayormente heterosexuales, se construían y evolucionaban los estereotipos homosexuales en Italia con delirantes hallazgos estéticos incluidos, lo que propone Francesc Ruiz para esta presentación es una historia que se teje en torno a las vidas de Rolando del Fico –una marica armarizada, organizada alrededor de comunidades, espacios y códigos secretos– y Gary de Sukia –un marica orgulloso y empoderado por la liberación sexual que constituye sin saberlo uno de los primeros nichos de mercadeo gay, antes de que el VHS acabara con el cómic como vehículo porno y VIH lo hiciera con la sexualidad sin barreras-. Se trata de una historia concebida para visibilizar y reflexionar acerca de la memoria LGTBI, la cultura popular y el consumo de pornografía, experimentando a su vez, como ya ha hecho en otras ocasiones, con modelos de distribución alternativos y con el cómic como espacio limítrofe dentro de la institución arte.

IMG_4893IMG_4890

A partir de algunos de los dibujos que aparecen en estos cómics -y que, a modo de emoticones en versión angelitos, sugieren los pensamientos de los personajes- y la asociación entre un salami y el imaginario homosexual -tanto por su forma como por la asociación entre la especie con que se adereza y la palabra que, en italiano, designa a un homosexual, es decir, hinojo/finocchio– Ruiz se ha dedicado a ocupar paredes y techos del Palomar con algunas de las insinuaciones que va a trabajar para los comics que se van a distribuir en los Giardini de la Biennale de Venecia durante la primera semana de su andadura.

Además de paredes y techos con figuras recortadas y pegadas reflejando parte del trabajo con que el artista está lidiando, la exposición cuenta con cuatro ejemplares para-no-llevarse-a-casa de lo que podría ser el primer número de los que se van a editar. Se trata de una muestra beta en pequeño formato pensado para relatar las vicisitudes de Rolando y Gary por los jardines de la bienal y sus encuentros con personajes de todo tipo y pelaje. Retomando aquel aspecto performático de su trabajo, lo que el artista está pensando crear es una suerte de recorrido por los jardines de la bienal para hacerse con la totalidad de los ejemplares que se editarán. Un recorrido que, determinado por las pistas que aparecerán al final de cada ejemplar, inducirá a transitar por los pabellones de este recinto en busca de quien, vestido con camiseta-con-salami-impreso-en-el-frente, se encargue de distribuirlos. Por bien que todavía es pronto para desvelar la historia que nos va a contar, lo cierto es que incluirá la experiencia del espectador tanto en la ficción de su relato como en la realidad de sus escenarios. Y eso puede estar muy bien.

IMG_4915

A modo de preview de esta experiencia futura, las anfitrionas del Palomar, para recibir como se debe en el salón de su casa, se enfundan sendas camisetas encima de la ropa que llevan puesta. Y así, como quien no quiere la cosa, te cuentan detalles de la intervención de Ruiz en el espacio, de la historia que nos quiere contar, de la construcción mental entorno a la representación de la homosexualidad, de los vínculos que existen entre los personajes que viven en el cómic, de lo oscuro que es todo cuando no se ve nada…..en fin, que hasta aquí se puede leer.

Para saber más habrá que ir a Venecia a partir del mes de mayo. O subir a El Palomar antes de que termine lo que, para mí, es una verdadera maravilla.

(PD: buena parte de las notas en cursiva se han extraído de la información que aparece en la página de El Palomar)

Más información (El Palomar)

Más información (Francesc Ruiz)

Más información (Soy Sauce)

Más información (The Green Detour)

Anuncios
Estándar